jueves, 13 de septiembre de 2018

Bienestar y salud con aire puro


Se ha llamado, con razón, al aire puro “el tónico de la naturaleza” pues no solamente nos provee del oxígeno indispensable para cada célula del organismo y nos permite, a través de la piel, la regulación de la temperatura del cuerpo, sino que estimula todas sus funciones:

  • El efecto saludable y tonificante del aire puro y fresco se manifiesta en una sensación de bienestar.
  • Mejor color y mayor capacidad de reacción de la piel, con el consiguiente aumento de resistencia a los resfríos y enfriamientos.
  • Mejor funcionamiento del sistema nervioso.
  • Sueño más profundo y reparador.
  • También se estimulan el apetito, el tono de los músculos y prácticamente todas las funciones del organismo, por su acción refleja a través de la piel.
  • No solamente es valioso el aire puro para mejorar y conservar la salud, sino también en el tratamiento de las enfermedades.

Ejercicio al aire libre y respiraciones profundas


Las ventajas del aire puro se multiplican cuando se trabaja o se hace ejercicio al aire libre, pues además de los beneficios que reporta para la salud el trabajo físico o el ejercicio al aire libre, se obtienen los efectos altamente beneficiosos de la respiración profunda.

Cuando se respira profundamente, todos los alvéolos pulmonares se llenan bien de aire y circula mejor la sangre en el pulmón, aumentando así la resistencia de este órgano a las infecciones.

Además, se estimula la circulación y, a través del movimiento del diafragma, se tiende a descongestionar el hígado estimulándose, también el trabajo del intestino, lo que es especialmente valioso en los constipados.

Aquellos que por diversas razones no pueden trabajar físicamente o hacer algún ejercicio al aire libre, pueden, sin embargo, hallar algún momento en el día para hacer ejercicios respiratorios completos y lentos. Así por ejemplo, cuando se camina al aire libre es una muy buena ocasión para hacerlo.

Si la marcha no es bastante viva y rápida como para estimular por sí misma los movimientos respiratorios, éstos se harán voluntariamente en la siguiente forma:

  1. Inspirar lenta y muy profundamente, llenando de aire no solamente la parte alta de los pulmones sino también la parte baja, lo que se logra haciendo bajar el diafragma, que en esa forma presiona sobre el abdomen cuya pared anterior se hace saliente en ese momento.
  2. Luego se expele lentamente al aire y en la forma más completa posible. Una manera de aprender esta espiración bien lenta, es hacer de cuenta que se está soplando la llama de una bujía o vela, con la intención de inclinarla, pero no tan fuerte que se la apague.


La gimnasia respiratoria es otra ventajosa manera de obtener estos beneficios. Si por cualquier razón no se pudiese salir al aire libre para realizar este ejercicio, se lo hará delante de una ventana abierta o, por lo menos, en una habitación bien ventilada.

De estas respiraciones profundas y hechas con la debida lentitud se harán unas doce, una o varias veces por día.

Como son lentas, tomará de tres a cuatro minutos cada vez. Uno de los efectos interesantes y benéficos de las respiraciones profundas, observado en numerosos casos, es un mayor dominio sobre el sistema nervioso.